miércoles, 3 de octubre de 2012

Sobre "el hecho extraordinario": conversión de Manuel García Morente

Estimados alumnos:

Estimados todos, tanto comunidad educativa, como visitantes externos:

Hemos estado reflexionando acerca de la maduración de nuestra fe. Es importante distinguir entre el hecho de creer o no creer en Dios o en la Religión, y la experiencia de Dios. Son cosas diferentes: se puede incluso optar por no creer en Dios, pero eso no es lo mismo que tener o no tener una experiencia de Dios.

Ha habido muchísimas personas en el mundo que dicen creer en Dios, pero nunca lo han experimentado. De hecho creo que ese es el mayor problema de nuestra Religión: se establece la idea de Dios, pero no se ha sentido a Dios. Aún así Dios concede la Gracia especial para la gente sencilla que entrega su fe ciegamente a Él. Pero eso no satisface las mentes y las almas sedientas. Hace falta más.

Explicaba a algunos alumnos que quien tiene una experiencia profunda de Dios puede iluminar a quienes no la han tenido. Y eso le basta a muchos para creer; pero existen los inconformes, los que buenamente esperan tener por sí mismos esta experiencia. Les he dicho que, al parecer, no hay que desesperarse. Es lo que recomiendan quienes han llegado a tener sendas experiencias místicas.


                                                                     Simone Weil

Hay también quienes conscientemente no confiesan su fe religiosa, pero preparan su interior a la visita de lo trascendente, viven una vida recta, ayudan, perciben algo que no saben explicar y que les impulsa a la bondad, o bien, viven sumidos en el dolor, en la enfermedad y pacientemente sufren esas pesadas cargas de la vida y de repente... tienen la visita de Dios. Son esas experiencias místicas. Vividas por hombres y mujeres extraordinarios. Tenemos el ejemplo de Simone Weil, que sin habérsele inculcado la religión, tuvo estas experiencias. Ya hablaremos más de ella aquí. La lista de místicos sería interminable. Está San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Pascal, y un larguísimo etcétera. Hoy nos concentramos en la experiencia de este filósofo español del siglo XX, Manuel García Morente. Presento de otra fuente la historia completa y el link donde narra esta su conversión:

Desde el ateismo y el dios de los filósofos

Manuel García Morente

Prestigiosocatedrático defilosofíapúblicamente conocido como ateo
El nombre de García Morente es bien conocido en la Universidad española. Era catedrático de Ética en la Universidad de Madrid -entonces, "Universidad Central"-, y una de las figuras más prestigiosas de la filosofía en España. Cuando estalló la guerra en España en julio de 1936, era Decano de su Facultad. Aparentemente, no era una persona con un perfil que diera motivos para temer nada de la República española. Era públicamente conocido como ateo; de hecho, poco después de morir su madre, siendo un adolescente, dejó de ir a la iglesia: ya decía que no creía.

Formado en Francia
Hizo estudios en Francia, y se licenció por la Sorbona, siendo discípulo de Bergson y Levy-Brühl. Filosóficamente, su mayor influencia venía del kantismo, como sucedía en España con muchos de los que habían pasado por la Institución Libre de Enseñanza, algunos de los cuales ocupaban puestos relevantes en la joven República. Era apolítico, y si acaso, sus ideas al respecto podían tener cierta afinidad con las de Ortega y Gasset, con quien le unían bastantes planteamientos y una estrecha amistad. Y sin embargo...

La muerte de su yerno
Apenas mes y medio de comenzada la guerra se produjo el vuelco. El 28 de agosto de 1936 recibe una llamada telefónica: su yerno había muerto. "Recibí la noticia de su muerte estando yo en la Universidad en el acto de entregar el decanato -del que fui destituido por el Gobierno republicano- a mi sucesor, el señor Besteiro. De mi casa, por teléfono, me comunicaron el fallecimiento de mi yerno. Yo comprendí enseguida que había sido asesinado. Y la impresión que la noticia me produjo fue tal que caí desvanecido al suelo. Cuando volví en mí pedí al señor Besteiro que interpusiera toda su influencia para lograr el rápido y seguro traslado de mi hija y nietos de Toledo a Madrid". Besteiro, que era un caballero, accedió y lo consiguió.

Lo mataron por ser de la "Adoración Nocturna"
El "delito" del yerno consistía en pertenecer a la Adoración Nocturna. Siguieron días de miedo, con registros y detenidos entre los vecinos. "En esta situación, el 26 de septiembre, al mes escaso del asesinato de mi yerno, recibí por la mañana temprano el aviso confidencialísimo de que urgía me ausentara de casa, y, si fuera posible, de España, pues se había acordado, por ciertos elementos descontentos de mi gestión en el decanato de la Facultad de Filosofía y Letras, darme la muerte, como era usual entonces". Como suele suceder en las guerras civiles, las rivalidadespersonales se mezclan con las políticas.

Huye a París amenazado de muerte
Tuvo que huir precipitadamente a Barcelona, y de allí a París. Comenzó así un periodo de angustias. "Llegué, pues, a París, sin dinero, y con el alma transida de angustia y de dolor, y además corroída por preocupaciones de índole moral. ¿Había hecho bien en abandonar mi casa y a mis hijas (estaba viudo desde 1923) y ponerme egoístamente a salvo?". Era evidente que no le había quedado otra opción que huir, pero quedaba la duda, un sentimiento de impotencia que nunca había experimentado, y la humillación no sólo de no poder subvenir a las necesidades de los suyos, sino ni siquiera a las propias: tenía que vivir de la generosidad de algunos amigos.

Desasosiego en París
"Así, en París -recuerda-, el insomnio fue el estado casi normal de mis noches tristísimas". Cavilaba sobre su familia y su suerte, pero también empezaba a verse de un modo distinto que antes: "también a veces repasaba en la memoria todo el curso de mi vida: veía lo infundada que era la especie de satisfacción modorrosa que sobre mí mismo había estado viviendo; percibía dolorosamente la incurable inquietud e inestabilidad espiritual en que de día en día había ido creciendo mi desasosiego".

Le ofrecen un trabajo
No permanecía inactivo. Hizo gestiones para intentar sacar a su familia de España: primero, con la embajada británica; después, con la Cruz Roja. Fallaron. Además, tampoco estaba muy seguro: ¿qué podía ofrecerles si llegaban? En esta situación, llegó un primer golpe de fortuna: se dirigió a él una editorial para que preparara un diccionario español-francés actualizado. Alguien se acordó de él.

¿Pero, sería todo un castigo de Dios?
Con todo, el motivo principal de su angustia seguía inalterado: su familia. La idea de Dios llegó por primera vez a su cabeza: ¿sería un castigo de Dios? "La primera vez que la idea «castigo de Dios» rozo mi mente fue cosa fugaz y transitoria, en la que no paré mientes. Pero por la noche la misma idea reapareció, y esta vez ya con claridad y persistencia tales que hube de prestarle mayor atención. Pero fue para mirarla, por decirlo así, despectivamente y rechazarla con un movimiento de enojo, de orgullo intelectual y de soberbia humana. «No seas idiota», me dije a mí mismo. Y el pensamiento volcó sobre la pobre ideíta, humildita y buena, un montón rápido de representaciones filosóficas, científicas, etc., que la ahogaron en ciernes".

Reconoce que su vida se configura en buena medida sin su intervención
De repente, apareció un rayo de esperanza, también inesperado. En una visita a su amigo Ortega y Gasset, encontró en casa de éste un hombre cuyo hijo era secretario de Negrín, por entonces Ministro de Hacienda dela República. Al enterarse de la preocupación de García Morente, se ofreció a hacer gestiones por medio de su hijo. Además de agradecido, el catedrático quedó desconcertado. "Yo me quedé pasmado. El conjunto de lo que me estaba sucediendo tenía caracteres verdaderamente extraños e incomprensibles. Alrededor de mí o, mejor dicho, sobre mí e independientemente de mí, se iba tejiendo, sin la más mínima intervención de mi parte, toda mi vida".

Se le imponía la idea de la Providencia pero la rechazaba
Todo lo que intentaba, no salía; todo lo que salía, no lo había intentado ni previsto. "Yo permanecía pasivo por completo e ignorante de todo lo queme sucedía. Se diría que algún poder incógnito, dueño absoluto del acontecer humano, arreglaba sin mí todo lo mío. (...) Por tercera vez la idea de la Providencia se clavó en mi mente. Por tercera vez, empero, la rechacé con terquedad y soberbia. Pero también con un vago sentimiento de angustia y de confusión. Era demasiado evidente que yo, por mí mismo, no podía nada y que todo lo bueno y lo malo que me estaba sucediendo tenía su origen y propulsión en otro poder bien distinto y harto superior. Con todo, me refugiaba en la idea cósmica del determinismo universal, y una vez que se me ocurrió tímidamente el pensamiento de pedir, de pedir a Dios, esto es, de rezar, de orar -que era, sin duda, la actitud más lógica y congruente con todo lo que me estaba sucediendo-, lo rechacé también como necia puerilidad".

Solo y angustiado en París
Las gestiones comenzaron dando buenos resultados... pero acabaron en un nuevo punto muerto. En abril de 1937 su familia pudo salir de Madrid... pero no de España. Se instalaron en Barcelona; desde luego, estaban mejor que en Madrid, y tenían parientes que les acogieron. Pero había alguien que no quería que sus hijas y nietas salieran de la España republicana; las veía como rehenes que garantizaban que García Morente no emprendería actividades antirrepublicanas (algo que nunca pasó por su cabeza). Este volvió a derrumbarse: "Yo solo en París, desde el octavo piso de la casa del boulevard Sérurier, estaba obligado a esperar, angustiado, el estallido de los hechos que se concertaban o desconcertaban ellos solos, por sí solos, encima de mi cabeza.

Esperando sin saber qué
Aquellas noches fueron atroces. «¿Qué está haciendo de mí -pensaba- Dios, la Providencia, la Naturaleza, el Cosmos, lo que sea?». La impotencia, la ignorancia, una noche sombría en derredor y nada, nada absolutamente, sino esperar la sentencia de los acontecimientos. ¡Esperar! ¿Y cómo esperar sin saber? ¿Qué esperanza es esa esperanza que no sabe lo que espera? Una esperanza que no sabe lo que espera es propiamente... la desesperación".

Inclinándose a favor de Dios
En su desesperación, daba vueltas y vueltas a su situación, y al sentido mismo de la vida. "¿Quién es ese algo distinto de mí que hace mi vida en mí y me la regala? Claro está que enseguida se me apareció en la mente la idea de Dios. Pero también enseguida debió asomar en mis labios la sonrisa irónica de la soberbia intelectual. «Vamos -pensé-, Dios, si lo hay, no se cura de otra cosa que de ser. Dejémonos de puerilidades». Y en efecto, realicé el acto interior de rechazar esas que yo llamaba puerilidades. Pero he aquí que las puerilidades insistían en quedarse y se negaban a ser rechazadas". Intentó aplicar el rigor de la filosofía que era su profesión. Pero, para su asombro, su corazón, y poco a poco su cabeza, se iban inclinando a favor de un Dios providente.

Una Providencia sabia y amable
"Por una parte, la idea de una providencia divina, que hace nuestra vida y nos la da y atribuye, estaba ya profundamente grabada en mi espíritu. Por otra parte, no podía concebir esa Providencia sino como supremamente inteligente, supremamente activa, fuente de vida, de mi vida y de toda vida, es decir, de todo complejo o sistema de hechos plenos de sentido. Llegado a esta conclusión, experimenté un gran consuelo. Y me quedé estupefacto al considerarlo. «¿Cómo es posible -pensé- que la idea de esa Providencia sabia, poderosa, activa y ordenadora, pero que acaba de asestarme tan terrible golpe, me sea ahora de consuelo?». No lo entendía bien. Pero el hecho era evidentísimo. El hecho era que me sentía más tranquilo, más sereno y reposado. (Mucho tiempo después, leyendo a San Agustín, he descubierto la verdadera clave del enigma en la frase «inquieto está mi corazón hasta que en Ti descansa»)". Pero, ¿por qué esa Providencia parecía tan cruel con él?

Un Dios para pensar no para rezar
Ya más tranquilo, "pensaba en Dios; pero siempre en el Dios del deísmo, en el Dios de la pura filosofía, en ese Dios intelectual en el que se piensa, pero al que no se reza. Dios humano, trascendente, inaccesible, puro ser lejanísimo, puro término de la mirada intelectual". Ante un Dios así concebido sólo cabe una postura: la resignación. Lo intentó, pero sintió primero la frialdad, después la rebeldía. "En mi alma se produjo una especie de protesta, y creo, Dios me perdone, que algo así como una blasfemia subió a mi mente. Creo que acusé de cruel, de indiferente, de burlona, de sarcástica a esa Providencia que se complacía en zarandear mi vida, en traerla y llevarla a su antojo inexplicable, en darle y atribuirle acontecimientos y hechos que yo no quería, que yo repudiaba. ¿Qué puedo esperar -pensaba yo- de un Dios que así se complace en jugar conmigo, que me engolosina de esa manera con la inminente perspectiva de la felicidad, para hacerla desaparecer en el momento mismo en que yo iba a tenerla ya entre las manos? (...) No me someto al destino que Dios quiere darme; no quiero nada con Dios, con ese Dios inflexible, cruel, despiadado".

Por pura rebeldía pensó en el suicidio, pero lo rechazó: nada resolvía con ello
En ese estado, se le ocurrió pensar en el acto supremo de la rebeldía, en lo que parecía la máxima expresión de libertad frente a ese Dios dueño de nuestros destinos: el suicidio. "Pero tan pronto como me di cuenta de la conclusión a que había llegado, me espanté de mí mismo. No por la idea de suicidio en sí, que ya en otras ocasiones había estado en los ámbitos de mi conciencia, sino más bien por la absoluta ineficacia de un acto así, que a nada conducía, que nada resolvía".
Estaba en un callejón sin salida. Puso la radio. Música. Primero, César Frank; después, Ravel. Siguió L'enfance de Jésus de Berlioz, bien cantada por un magnífico tenor:

Finalmente consintió en pensamientos sobre la vida de Jesucristo
"Algo exquisito, suavísimo, de una delicadeza y ternura tales que nadie puede escucharlo con los ojos secos. (...) Cuando terminó, cerré la radio para no perturbar el estado de deliciosa paz en que esa música me había sumergido. Y por mi mente empezaron a desfilar -sin que yo pudiera ofrecerles resistencia- imágenes de la niñez de Nuestro Señor Jesucristo. Le vi, en la imaginación, caminando de la mano de la Santísima Virgen, o sentado en un banquillo y mirando con grandes ojos atónitos a San José y a María. Seguí representándome otros episodios de la vida del Señor: el perdón que concede a la mujer adúltera, la Magdalena lavando y secando los pies del Salvador, Jesús atado a la columna, el Cirineo ayudando al Señor a llevar la Cruz, las santas mujeres al pie de la Cruz. (...) Y los brazos de Cristo crecían, crecían, y parecían abrazar a toda aquella humanidad doliente y cubrirla con la inmensidad de su amor, y la Cruz subía, subía hasta el cielo y llenaba el ámbito de todo y tras de ella subían muchos, muchos hombres y mujeres y niños; subían todos, ninguno se quedaba atrás; sólo yo, clavado en el suelo, veía desaparecer en lo alto a Cristo, rodeado por el enjambre inacabable de los que subían con Él; sólo yo me veía a mí mismo, en aquel paisaje ya desierto, arrodillado y con los ojos puestos en lo alto y viendo desvanecerse los últimos resplandores de aquella gloria infinita, que se alejaba de mí". Aquello "tuvo un efecto fulminante en mi alma".

Por fin, quiso rezar de rodillas pero había olvidado el Padrenuestro
En realidad, supuso su conversión. "¿Y qué me había sucedido? Pues que la distancia entre mi pobre humanidad y ese Dios teórico de la filosofía me había resultado infranqueable. Demasiado lejos, demasiado ajeno, demasiado abstracto, demasiado geométrico e inhumano. Pero Cristo, pero Dios hecho hombre, Cristo sufriendo como yo, más que yo, muchísimo más que yo, a ése si que le entiendo y ése sí que me entiende, a ése sí que puedo entregarle fielmente mi voluntad entera, tras de la vida. A ése sí que puedo pedirle, porque sé de cierto que sabe lo que es pedir y sé de cierto que da y dará siempre, puesto que se ha dado entero a nosotros los hombres. ¡A rezar, a rezar! Y puesto de rodillas empecé a balbucir el Padrenuestro. Y ¡horror!, ¡se me había olvidado!".

Una nueva visión de la vida
Siguió de rodillas, rezando como podía. Recordó cómo su madre le había enseñado a rezar, reconstruyó el Padrenuestro, y el Avemaría... y de ahí no pudo pasar. "No importaba demasiado; lo cierto era que una inmensa paz se había adueñado de mi alma". Se sentía otro hombre, el "hombre nuevo" del que hablaba San Pablo. Miró por la ventana: vio lo de siempre, Montmartre. Pero los ojos eran nuevos, y vio un significado que no había aparecido antes: ¡Mons Martyrum!, el Monte de los Mártires. Vio los mártires, que aceptaban libremente el supremo sacrificio. "¡Querer libremente lo que Dios quiera! He aquí el ápice supremo de la condición humana. «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»".

Para reconstruir sobre nuevas bases
Las primeras conclusiones, los primeros propósitos, del cristiano Manuel García Morente empezaron a trazarse. "Lo primero que haré mañana será comprarme un libro devoto y algún buen manual de doctrina cristiana. Aprenderé las oraciones; me instruiré lo mejor que pueda en las verdades dogmáticas, procurando recibirlas con la inocencia del niño, es decir, sin discutirlas ni sopesarlas por ahora. Ya tendré tiempo de sobra, cuando mi fe sea sólida y robusta y esté por encima de toda vacilación, para reedificar mi castillo filosófico sobre nuevas bases. Compraré también los Santos Evangelios y una vida de Jesús. ¡Jesús, Jesús! ¡Misericordia! Una figura blanca, una sonrisa, un ademán de amor, de perdón, de universal ternura. ¡Jesús!".

Una misteriosa presencia de Jesucristo
Siguió algo extraordinario. Para reforzar la fe recién renacida, Jesucristo quiso tener en él un detalle extraordinario: hacerse presente de un modo misterioso, pero real; de un modo que no se podía percibir por los sentidos, pero se percibía. "Allí estaba él. Yo no lo veía, yo no lo oía, yo no lo tocaba. Pero Él estaba allí. (...) Y no podía caberme la menor duda de que era Él, puesto que le percibía, aunque sin sensaciones. ¿Cómo es esto posible? Yo no lo sé".

Como Santa Teresa
Duró un rato que no se podía medir, y terminó, para no volverse a repetir. Lo necesario, y nada más. Años después, encontró algo parecido en la Vida de Santa Teresa.

Alegría familiar
Al cabo de unos días, cayó el Gobierno en España y, poco tiempo después, pudo reunirse con su familia, en París, y darles la buena noticia de su conversión: ¡gran alegría para una familia en la que él era el único que había carecido de fe!

Sacerdote
En mayo de 1938 volvió a España, con la intención de realizar los estudios preliminares al sacerdocio. Fue ordenado sacerdote en 1940.
Manuel García Morente. El hecho extraordinario.

http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura9.htm

                                                                  Manuel García Morente

  En el relato de la conversión, el autor se refiere a una visión que tuvo acerca del mismo Cristo, mientras escuchaba en la radio una obra de Berlioz, "la infancia de Jesús", misma que ofrecemos aquí para el deleite del espíritu atento:

                                     Berlioz: "La infancia de Cristo", fragmento, ópera estrenada el 10
                                            de diciembre de 1854, en París. Orquesta dirigida por el autor.

  Dado que en esta ocasión sólo tocamos el punto de la conversión de García Morente, será suficiente con que participemos en el blog explicando lo que nos hace sentir y pensar la lectura de su conversión y escribir cómo esperamos nosotros o cómo podríamos prepararnos interiormente si algo así nos tocara vivir, es decir, si llegasemos a tener una de estas experiencias de Dios, asimismo, agreguemos en nuestro comentario lo que sentimos al enterarnos cómo se dio el itinerario espiritual de García Morente.

  Profesor Julián Hernández Castelano.

6 comentarios:

  1. Buenas noches (:, Manuel García Morente en mi perspectiva era un filósofo, de los años 30´, que antes de estudiar la licenciatura , se había convertido en ateo, ya que no tenía una cercanía con Dios,a pesar de que su familia si , al pasar los años creo que una Guerra Civil , y sus ideas anarquistas lo obligaron a mudarse de España, dejando a sus hijas y nietos , bajo la mirada de la sociedad mientras el se hallaba en París, al analizar todo lo que sucedió creo que al analizar los hechos, no imaginaba por que le había ocurrido eso, y trataba de buscar una explicación,en varias ocasiones pensó en un Dios que castiga , pero rechazo la idea,por que el no creía en nadie, hasta que hubo un momento en que se canso,somos humanos , es normal, tener que aferrarte a algo para no caerte, y el encontró eso en Dios ,recordando las oraciones que le enseño su mamá y orando,hasta que la guerra llego a su fin e inicio sus preliminares al sacerdocio , al encontrarse de nuevo con su familia.

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  2. A mi forma de ver las cosas algunas de las personas somos de hasta ver no creer ️ósea que hasta que no nos pase no creemos que necesitamos de algún milagro o presencia del señor a carne y hueso somos un poco incrédulos y claro poco a poco se va forjando la fe y pues en algunos de los momentos entro en dilema en cuanto a la ciencia y religión !!.....

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  3. :) Me parece que es una historia curiosa, pues trata de un filósofo que tiene que irse de su país debido a que se desata una guerra, llena de retos pues tiene que dejar a su familia, gracias a que él no creía en Dios se vuelve ateo, y así es como comienza su gran experiencia de Dios, empieza a recordar como su madre lo enseñó a rezar, pues ya ni el Padre Nuestro se sabía.
    A veces sin tener alguna fe absoluta puedes lograr algo, pues todo llega a su tiempo, y cuando menos te lo esperas o menos lo recuerdas es cuando llega por sorpresa. Tenemos que creer en un Dios que te ama, sin importar como eres, el que no te pide nada a cambio, a pesar de lo que tu puedas dar, el que espera aunque nunca llegue, el que perdona a pesar de como es tratado, el que no juzga pero es juzgado, y sobre todo debemos creer en un Dios que te es y te va a ser fiel en todo momento (Tu mejor amigo). ;)

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  4. Me parece interesante el tema que se trata debido a que la religión se ha mantenido en un tabú en donde aveces existe una barrera que aun que se podría decir que no se nos remarca, los jóvenes la sentimos y es el hecho de preguntar o dudar sobre la existencia del que profesamos. También me parece importante de comentar el hecho de aquellas personas que no se les ha inculcado alguna religión y, a pesar de esto, han tenido encuentros o hechos divinos.

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  5. Me pareció una lectura muy interesante y muy significativa, el hecho de que un hombre que creía firmemente en que Dios no existe y que al final, con todo lo que paso por su vida; desgracia, tras desgracia, tras desgracia; terminara por aceptar a Dios, pero no de la manera convencional, sino poco a poco fue adoptándolo a su manera para al final darse cuenta que, por poco que le gustara, Dios de daba serenidad, calma y tranquilidad

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  6. El caso de Manuel García Morente no se me hizo un hecho extraordinario, si no un hecho de sinceridad, ya que muchas personas dicen estar en una religión, pero en realidad no creen del todo. Es triste saber que para que haya tenido que pasar una angustia muy fuerte por su familia para poder creer en Dios, pero quiero pensar que después de haber recibido la luz, iluminación o lo que sea que le haya dado Dios, esa angustia no sera comparada. Creo que el tuvo algo mejor que rodeado de Dios, el dejo entrar a Dios. Por que el puede estar a tu alrededor, pero no lo puedes dejar entrar. -Adara

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