Temas de tutoría

 Sobre los alcances y límites propios.


Ya sabemos ahora que nuestro cuerpo tiene potencias, tiene capacidades, como la fuerza física, el crecimiento o desarrollo y hasta la facultad o facilidad de recuperarse de algún malestar o enfermedad. Incluso hay otras fuerzas de nuestro cuerpo, ya sea implícitas, adicionales o complementarias. A veces no reconocemos o no reparamos en ellas, tales como la capacidad de estar en pie, de erguirnos, de respirar, de nuestra sangre corriendo por el cuerpo, etc. Son tan básicas éstas y por eso no nos damos cuenta de la grandeza de su buen funcionamiento. Sólo cuando algo falla es como nos damos cuenta de su valor.


Lo mismo podemos decir de la mente, del intelecto: somos capaces de recordar, de retener, de asociar ideas, de buscar soluciones, de aprender. Nuestro intelecto puede hilar cadenas de palabras, de argumentos, de opiniones y certezas, de buscar las verdades, de interpretar el mundo, de clasificarlo y hasta de dominarlo. Somos seres pensantes y de acción. Producimos efectos de nuestros actos, sean positivos o negativos.


Si podemos tomar como base la idea de nuestro conocimiento propio, de nuestra mismidad, seguros podemos estar de afrontar las dificultades que puedan presentarse ante nosotros.


Si, además, sabemos ubicarnos en el presente, reconociendo nuestro pasado y previendo nuestro futuro, nos sirve para ello tomar en cuenta nuestras habilidades, nuestros talentos, nuestras destrezas y esperanzas, nuestros deseos y confianza. Es necesario medir nuestros alcances y establecer nuestros límites en varios aspectos:


Físico. Las posibilidades de rendimiento de nuestro cuerpo pueden ser de alcances hasta cierto punto ilimitados, es decir, si nos entrenamos bien y si la disciplina es nuestra fortaleza, nuestro cuerpo puede lograr resultados excelentes, principalmente en el terreno de los deportes, por ejemplo; aunque existen también otras aplicaciones de la fuerza física, como el control de uno mismo ante los vicios, los desórdenes alimenticios, de sueño, de administración de fuerzas, etc. Por lo mismo, si soñamos con ser grandes deportistas; pero no tenemos el hábito del entrenamiento, el ejercicio o una buena dieta, y somo esclavos más bien de la pereza, la gula o el confort, seguramente no podríamos lograr mucho.


Intelectual. Al igual que el cuerpo, la mente necesita un buen alimento y ejercicio. El alimento de la mente es el saber; pero no necesariamente como una especie de almacenamiento de contenidos, de aglutinamiento de datos, sino el poder relacionar los contenidos, aplicar el saber, acrecentarlo, explorarlo, administrarlo y hasta disfrutar de él. El ejercicio corresponde a la verbalización, a las revisiones continuas de lo que se sabe, a la profundización y hasta la ampliación de nuevos saberes y de aportes nuevos a la humanidad respecto de esos contenidos o nuevas teorías.


Espiritual. No lo hemos abordado con suficiente profundidad; pero es muy importante encontrar y nutrirse del alimento espiritual, incluso ejercitarse. El alimento es el contenido de la fe, la oportunidad de revisar e identificarse, de encontrar la raíz de nuestras creencias y nuestras certezas de fe. Eso nos da solvencia para ubicarnos en el tiempo y en el espacio, para saber responder a los desafíos y amenazas que eventualmente pueden rebasarnos. Es la posibilidad de tratar nuestra vida frente al Misterio. El ejercicio es la oración profunda del corazón. Es la práctica cotidiana de esos pequeños ritos que nos llevan a poner lo que somos, lo que decimos y lo que hacemos ante algo que está más allá de nosotros y le da sentido a todo, como si hiciésemos una ofrenda o un sacrificio para purificar, bendecir y legitimar lo que somos y hacemos.


Emocional. Si hay equilibrio de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, podemos identificar nuestras emociones y sentimientos. Muchas veces no sabemos la raíz de nuestra tristeza o de nuestra euforia. No sabemos distinguir entre una emoción de alegría de una de entusiasmo desmedido; o una de amargura respecto de una de fastidio o desagrado.


Si deseamos tener claridad sobre nuestros alcances y límites propios, debemos hacer una especie de mapa donde ubiquemos cómo estamos en nuestras potencias del cuerpo, del alma, del espíritu y qué tipo de emociones y sentimientos son más comunes en nosotros. Es el punto de partida de nuestro autoconocimiento.


Responde:


1. ¿Cuáles son tus habilidades corporales? ¿Puedes practicar algún deporte? ¿Sientes que te falta desarrollar esta parte? ¿Qué te gustaría adquirir como habilidad corporal?

2. ¿Cuál es el status de tu salud corporal? ¿Puedes afirmar que estás completamente sano y equilibrado en cuestión de la administración de peso y talla?

3. ¿Juzgas que tus hábitos de alimentación son los adecuados para tu edad? ¿Tienes algún vicio?

4. ¿Dedicas tu tiempo para que el aprendizaje sea efectivo? ¿Aprovechas los contenidos recibidos en la escuela o en otras fuentes de aprendizaje? ¿Qué contenidos, elementos o desafíos consideras que te hacen falta para fortalecer tu intelecto?

5. ¿Cómo está tu fe? ¿Encuentras la necesidad de profundizar en lo espiritual? ¿Qué acciones o contenidos espirituales consideras que te son necesarios para profundizar y vivir una vida más espiritual?

Accede al siguiente link y contesta lo que se te pide sobre emociones y sentimientos. Medita bien tus respuestas:


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